sábado, 17 de diciembre de 2016

Disculpen las molestias pero nos están asesinando

"No nací mujer para morir por serlo". Pintada en la pared de la calle se encuentra esta manifiestación silenciosa de miles de mujeres que son maltratadas y asesinadas en todo el mundo al cabo del día, mujeres que sufren la opresión del sexo opuesto, mujeres a las que les hacen creer que lo merecen. Pero no sólo eso, a nosotras las mujeres nos obligan a ser madres, de nuestros hijos e hijas, pero también de nuestros maridos. Nos obligan a ser las cuidadoras, los pies y las manos de todo aquel que tenga pene. Nos cosifican y sexualizan en los medios de comunicación como la televisión. Por ejemplo, la publicidad se encarga de utilizarnos como reclamo para la venta de un producto, les dicen a los hombres que si compran ese coche o esa colonia conseguirán a una mujer guapa y sensual. En cuanto al cine, cuenta con un reportorio de películas donde el amor romántico es la trama principal, reflejo de la sociedad que tiene como única aspiración casarse y formar una familia. Pero la realidad es otra, pues este amor idealiza situaciones de desigualdad que nos cuelan como perfectas, amor en el que se fragua la violencia más perturbadora: Maltrato social, psicológico y físico que ejercen los hombres machistas hacia sus parejas y que en numerosas ocasiones, termina en asesinato. Realmente, no podemos seguir así. Cualquiera de nosotras puede ser la siguiente en la lista efímera que cuantifican los informativos.


domingo, 5 de junio de 2016

El binomio existencia-inexistencia



Tuve que morir para apreciar todo aquello que no viví, no lo supe hasta que mi cuerpo se quedó inerte en aquel hotel de carretera. En aquella cama sucia, llena de corridas y cocaína, con mi sangre como única compañera. Y es que cuando mueres sola, sientes profundamente el vacío de la muerte recorriendo tu cuerpo y tu mente, pues no puedes sentir el beso de tus viejos, ni el de tus colegas. Ni siquiera saben que estás ahí, metida en la mierda más absoluta y mundana, regalando tu cuerpo por unos chutes de caballo, o por un poco de cariño. 

No importaba quien era, si tenía dientes o no, pues yo tampoco es que los tuviese todos. Me la sudaba si olía bien o mal, pues yo tampoco es que me duchase todos los días. No miraba si tenía unos brazos fuertes, si era guapo, flaco o gordo,  yo tampoco es que fuese la de los veintiún años. No sé exactamente qué pasó, pero acabé pasando las noches metida en el bar más mugriento de toda la ciudad, esperando que alguien me mirara para poder dormir en una cama, más o menos como está, o poder comer... Eso, si me dejaba el speed
 
Quién sabe lo que hubiese pasado, 
ahora muerta ya no sé nada de la vida.